AMISTADES QUE TRASPASAN FRONTERAS

Una mañana de sábado, Bruno, el perro labrador dorado decidió dar un paseo por el parque, esto sin contar que ese día conocería a quien sería su compañera de por vida.

Bruno solía ser un perro de casa, le encantaba jugar en el jardín con los niños de su casa y sentarse en la silla de adelante del automóvil cuando la familia salía a hacer sus compras semanales…

Desde siempre, la vida de Bruno había sido un completo paraíso, no le faltaba nada y podía comer cuantas veces quisiera, su vida perruna era la envidia de todas las mascotas del vecindario; un día, Bruno decidió salir solo al parque y sin su collar, pues quería experimentar la zona de una forma diferente.

En medio de su caminata, ¡percibió un olor a pizza! El cual, provenía de un basurero abandonado en una de las esquinas del parque, sigilosamente, Bruno decidió acercarse y muy temeroso se escondió tras un árbol, pues escuchaba ciertos ruidos que le parecían sospechosos, pasaron unos minutos y se acercó aún más, de repente, ¡miau! Salió una gata corriendo con la pizza en su boca, Bruno decide perseguirla pero ella era muy veloz y atravesó una barda que la conducía al parque vecino, lugar que era solo para gatos.

Bruno volvió a casa con sus ganas de conocer a la gata y comer un pedazo de pizza, por lo que decidió volver al siguiente día para encontrar a la gata, y así fue, pasó la noche y llegó la mañana, Bruno decidió no ir al parque de los perros sino al parque de los gatos, compró una pizza por el camino y emprendió su búsqueda.

Luego de varios intentos fallidos, y ya con solo una porción de pizza, Bruno deprimido decidió volver a casa, y en medio de su trayecto, apareció repentinamente la gata, quien se había dado cuenta que él la estaba buscando.

Ella se acercó y lo olfateó, se presentó como Anastasia y le preguntó a Bruno la razón de su búsqueda, a lo que Bruno respondió: – “Tan solo me causó curiosidad el ver cómo disfrutabas de la pizza y luego te marchaste corriendo pensando que yo iba a hacerte algo malo”.

Resulta que Anastasia vivía en un mundo completamente diferente al de Bruno, pues ella no contaba con un hogar ni con personas que realmente la apreciaran; al conocer su historia, el labrador dorado buscó llevarla a su casa y presentarla con su familia de humanos, quienes eran amantes de los animales, así que su bienvenida no se hizo esperar.

Bruno y Anastasia compartían el hogar, la familia, la comida y los juguetes, pero las cosas mejoraban cada vez más para ambos, pues la familia humana decidió mudarse a otra parte del mundo y claro, querían llevar a sus mascotas con ellos.

Bruno ya estaba acostumbrado a los viajes en avión, barcos y camiones, pero era la primera vez para Anastasia, quien estaba algo preocupada y a la vez tranquila, pues su amigo Bruno le transmitía muy buenas energías, le decía: -“Tranquila, mi familia siempre cuenta con la mejor empresa de mudanzas, Panamá Intermooving and Relocation sabe cómo tratar a las mascotas, así que no tienes de qué preocuparte”.

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